Juegos entre piedras, ríos y árboles en Las Batuecas

Esta Semana Santa hemos aprovechado para vivir en sintonía con la naturaleza. Siento y presiento que es una asignatura pendiente en mi vida cotidiana. Aunque actualmente vivimos en un pueblo no muy grande y estamos rodeados del canto de los pájaros y de poquitos coches, no estamos inmersos en un paraje natural. Así que mi cuerpo y mi mente se alían de vez en cuando y me imploran descubrir sitios en plena naturaleza para mi bienestar, pero sobre todo para el de mi trío de chulitos. Ni cortos ni perezosos nos hemos ido cuán exploradores a la búsqueda de piedras, ríos, árboles,…
Caminante no hay camino
A esto hay que sumar que hace unos días leí un artículo sobre el Trastorno por Déficit de Naturaleza. Os lo enlazo por si queréis leerlo. Se centra más en la escuela, pero yo creo que la podemos hacer extensiva a todas las facetas de la vida. Nos habla de que la mayoría de los niños de hoy en día, hay excepciones, como siempre, no tiene a su alcance esos juguetes procedentes de la naturaleza. Esa sensación de libertad que se respira al aire libre rodeado de todo lo que la naturaleza nos da. Y también esa manera de vivir más despacio, de ir enlenteciendo el ritmo… Tocar la tierra y embarrarse hasta decir basta, tropezar con las piedras del camino, trepar y subirse a un árbol, cruzar un río pisando entre las piedras o pontones y al final acabar metiendo el pie hasta la rodilla, tirar piedras al río haciendo la rana… Seguro que cada uno podéis ampliar la lista con esas cosas que hacíais de pequeños, o con las que vuestros peques disfrutan sin parar.
Raíces, ríos... ¡vaya paseo!
Así que, siguiendo y persiguiendo esa búsqueda de lo natural nos adentramos en el Parque Natural de Las Batuecas. Unos amigos hicieron una ruta muy chula por allí unas semanas antes. Así que nos organizamos con los preparativos, el picnic y los horarios… y el Jueves Santo nos fuimos de excursión. Nos juntamos  cuatro parejas con 6 niños. El más peque de 11 meses y el más mayor de 7 años.

Desde Doñinos, pueblo en el que vivimos, cogimos la carretera CL-512 que llega hasta Vecinos pasando por Aldeatejada. Una vez pasado Vecinos fuimos por la carretera SA-210 o carretera de la Peña de Francia en dirección a Tamames. Nuestro viaje transcurrió por la extensa dehesa salmantina. Aunque es un rato largo en coche, los peques iban entretenidos, con la ayuda de algún picoteo. Íbamos viendo interminables praderas con vacas, toros, también caballos y cerdos. Además está de un verde que te quiero verde, salpicado de lagos, como dice Oliver, o lo que por aquí llamamos charcas donde va el ganado a beber. Pasado Tamames cambiamos de carretera. Ahora cogimos la SA-201 en dirección a La Alberca pasando por El Cabaco. Unos 92 kilómetros y 1 hora y 20 minutos después llegamos a nuestro destino, tras haber pasado unas cuantas curvas. Aviso a navegantes. Elsa y yo nos mareamos un poco. Las curvas, el coche y yo somos una mezcla explosiva. Así que, pasito a pasito, si os pasa lo mismo… Nosotros paramos casi casi llegando. Y no sé si fue la paradita, el aire que se respira, o las vistas al bajar… pero bueno, cogimos fuerzas, y llegamos a nuestro destino. ¡Qué ganas de bajar del coche!
Piedra va, piedra viene ¡cómo mola el río!

 

La ruta que empezamos se llama la Cascada del Chorro. Aunque nosotros no la hicimos entera. Esperaremos a que los peques aguanten un poquito más la caminata. Os espera el Canchal de Zarzalón, pinturas rupestres y la Cascada. Completa completa se tardan unas 5 horas (ida y vuelta). Para entrar dejamos el coche en un pequeño parking a la entrada de la Senda Accesible Valle de las Batuecas. Por cierto, este primer tramo está habilitado para personas con movilidad reducida. Es un camino entablado.

Empezamos super bien. Cada uno a su ritmo, pero caminando. Ángel y su amigo Alejandro tiraron un poquito más rápido. Iban pendietnes de los paneles informativos en los que había dibujos de la fauna y la flora propias del entorno. Llevamos cuaderno, sin bolígrafo. Así que Ángel se quedó con las ganas de apuntar el nombre de todos los bichos que nos econtrábamos. Flipados se quedaron viendo mariposas azules y amarillas. Los medianos de casi 4 años también iban caminando, pero se iban entreteniendo más, sobre todo con las piedras, y con el tramo de camino en el que las raíces de los árboles cubrían el suelo. Pero el mayor entretenimiento para pequeños y mayores fue el río Batuecas, que discurre paralelo al sendero. ¡Qué gusto! Sólo el ruido del agua al correr ya hace efecto calmante. Elsa empezó el camino con papá, al principio caminando, luego en brazos. Pensando en hacer el camino más cómodo nos llevamos la mochila portabebé. De hecho hubo un momento en el que la porteamos un ratito, con teta incluida. Parecía que iba a quedarse dormida, pero no, tomó su piscolabis, y al oír a los demás niños jugar al lado del río, ella decidió que no quería perderse tanta diversión natural. Así que se unió a sus juegos a la orilla del río.

Paseando entre raíces

 

El camino es precioso. Aunque nuestra ruta se convirtió en rutilla nos quedamos con el disfrute de lo sencillo, con sus juegos al lado del río, y con su implacable curiosidad.

Así que, una vez pasado el Monasterio de los Carmelitas paramos para hacer extensivo el piscolabis. Los más adelantados, al ver que los demás no seguíamos, se dieron la vuelta y vinieron a nuestro encuentro. Y dejamos que sucediera lo inevitable. Palos, piedras, árboles y agua hicieron el milagro. Sólo hicimos una cosa. Disfrutar del entorno, y ver a los peques disfrutar con sus juegos. Así estuvimos un buen rato. Un rato tan laaaargo, que decidimos no seguir avanzando y empezar a pensar en buscar un lugar para comer. La ruta completa promete. Algún día la acabaremos. De momento el disfrute estaba allí, tirando piedras al río, sentándonos en el camino, buscando la sombra de los árboles… ¡Disfrutando del lugar! Allí mismo al lado del sendero nos encontramos con una zona de merendero. Así que el momento picnic llegó: bocatas, empanadas, filetes empanados,… y demás viandas excursionistas fueron repartidas entre peques y mayores.

Elsa disfrutando del Rio Batuecas
Y después sobremesa laaaarga. Y los peques sin siesta. ¿Para qué? ¿Se iban a perder ellos estar allí jugando bajo la sombra de los árboles? Pues lo tenían claro. Allí estuvieron echando carreras sin parar y reponiendo líquidos en una fuente fresquita. Nuestros amigos nos querían enseñar otro sitio que conocían. Y allí que nos fuimos. Ahora sí que sí. La siesta de los peques comenzó en cuanto entraron en el coche. Ahora las curvas nos dieron igual. Y nos fuimos hasta El Cabaco, a un lugar que lo llaman El Chiringuito. Puedes tomar un café, o puedes llevarte tu comida para hacer allí la barbacoa. Oliver se lo pasó de lo lindo jugando a las palas con otros niños, y al pañuelo por detrás. Elsa estuvo entre el arenero, los toboganes, y demás. Y Ángel jugando al fútbol en una pista que hay enfrente, pero cruzando la carretera. Un lugar muy cómodo para las familias, para ir a comer allí de campo, o bien, ir a tomar el cafelete y llevar la merienda de la tarde. Allí estuvimos hasta las 19h. Repetiremos, seguro.

El Río Batuecas
Y llegamos a casa, con las rodillas negras, algún que otro arañazo y el susurro del río en nuestras cabecitas. Un túnel de lavado con tres niños en la bañera aclaró las rodillas, pero el susurro del río no queremos que se vaya, por lo menos hasta nuestra próxima visita.

4 Comments

  1. Mari Angeles -  17 septiembre, 2015 - 14:21

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    • ¡Hala qué chulo! -  17 septiembre, 2015 - 16:50

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  2. M.Jose -  5 abril, 2015 - 22:30

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    • ¡Hala qué chulo! -  5 abril, 2015 - 22:59

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