Hoy cumplo 40… y sigo creciendo

Hace unos cuantos años conocí a una niña que recibía a las tormentas escondida debajo de la mesa camilla, a la que siempre le gustaba llevar papeles y libros encima. Una niña que jugaba con muñecas todos y cada uno de los días, y que fabricaba sus casitas con cajas grandes de galletas María. Esa niña que aprendió a montar en bici dándose golpetazos contra el frontón y a la que le encantaba estar con su pandilla. Aquella niña tímida, rubita, algo torpe y largirucha. Una niña tranquila, que llevaba gafas y las rodillas marcadas, y que no paraba de jugar y sonreír.


Hoy 20 de febrero de 2017 esa niña cumple 40 años, 40 vueltas al Sol. Y tengo ese número en mi cabeza, lo visualizo, lo pienso… y ¡ostras, siento un poco de vértigo! ¿40 años? Y justo, se dibuja una sonrisa en mi cara. Un post reflexivo, y es que cumplir 40 se lo merece. ¿Estaré pasando por la famosa crisis de los 40? Pues quizá sí. Pero entendiendo crisis como cambio, que no tiene por qué ser negativo, sino todo lo contrario. Cambio hacia lo que uno quiere y desea en su vida. Crecimiento.

40 años llenos de experiencias, de vivencias, de pensamientos, de crecimientos, de dudas, miedos, inseguridades, retos,… De eso se compone la vida. Y de mucho más. Estos primeros 40 han tenido que transcurrir para ser quién soy ahora mismo y para que tenga lo que tengo ahora mismo.

Me encanta esta frase: “Todos tenemos dos vidas. La segunda empieza cuando nos damos cuenta de que tenemos sólo una”. Confucio. ¿Estás viviendo ya la segunda? Yo sí.

40 años aprendiendo

Han tenido que pasar 40 años para aprender que la vida que tenemos es lo que vivimos AHORA, el momento presente. ¡De verdad! Es algo tan lógico, tan verdad, que muchas veces se nos olvida, y nos enfrascamos en recuerdos del ayer o en planificaciones futuras. Que sí, que hay que programar un poquito, pero sin olvidarnos de lo que vivimos justo ahora. El día que te das cuenta de eso, tu perspectiva cambia. Nada vuelve a ser igual. Vives la vida con pasión, con entrega.

Aunque siempre me han encantado los temas de crecimiento personal, reconozco que hace años actuaba más con el automático puesto. No vivía y exprimía el momento presente como lo hago ahora. Antes mis acciones no iban de la mano de mis pensamientos. Cada uno iba a su aire. Y la verdad es que sientes que algo falla, que no vives en plenitud. Pues fíjate que poco a poco he aprendido a dejar de lado ese automático, cada vez más, y a ser consciente del ahora, sea lo que sea: haciendo una tostada, viendo a mis hijos reír, hablando con una amiga, dando un paseo, cocinando unas lentejas, bebiendo agua,… y así infinitas vivencias que nos regala cada día. Como cuando era pequeña y jugaba con mis muñecas sin parar. Sólo importaba eso. O cuando jugábamos al bote bote las noches de verano todos los niños de mi calle. Lo que importaba era estar bien escondida y salir la última para darle una patada al bote. ¡Eso era lo importante de verdad!

Y otra cita de esas que me encantan: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. John Lenon.

Ellos son mi ahora

Presencia y consciencia

Uno de los aprendizajes más significativos de los últimos años para mí ha sido el darme cuenta de que lo único que tengo es el AHORA, el momento presente. Por eso cada día me esfuerzo e intento vivir con consciencia y presencia en el AHORA. En el ahora es donde está la vida. Quizá soy más consciente de esto desde que fui madre. Y es que como dice Bei de Tigriteando “Los días son largos, pero los años cortos”. Así que, amigas, a disfrutar de esos días laaaaargos, porque cuando echas la vista atrás los años pasan volando. Y las alas maravillosas que estamos tejiendo con tanto amor para nuestros hijos, un día estarán preparadas para ser usadas, y nuestros hijos volarán. 

Así que últimamente estoy muy pendiente de que no basta con estar con ellos físicamente. También tengo que estar emocionalmente. No basta con estar presente, en cuerpo, también quiero estar en alma. Y claro que siempre hay cosas que hacer… ¿Qué os voy a decir? Que tengo que recoger la cocina después de comer, y doblar la ropa y colocarla en el armario… Siempre hay algo que hacer. Pero a ellos no les basta con que yo esté, ellos quieren tenerme, para ellos. Mis hijos quieren mi atención, mi corazón y mi alma. No sólo mi presencia. Y qué hago cuando Oliver me dice, “subes arriba con nosotros a jugar, pero no guardes ropa”. Oliver tiene que entender que tengo que hacerlo, pero pienso, quizá lo puedo hacer más tarde. O también ¿y si lo hacemos juntos? Últimamente doblamos la ropa entre los 4. Justo después de comer, recoger y nuestro momento rooibos, nos ponemos a doblar la ropa. Y es que, con 3 peques en casa, creo que es lo que me lleva más tiempo, la ropa. Así que mola compartir ese rato con ellos y darle un nuevo sentido a esa tarea de la casa. Si ellos participan y estamos en lo mismo, todos nos sentimos conectados física y emocionalmente. Y la ropa doblada, ¡oye!

Y mis, “Ahora no puedo…, Tengo que…  Espera un momento… ” cada vez son menos. Ahora intento que busquemos alternativas para compartir más ratos juntos… Porque ellos se cansan de esperar. ¡Claro que sí! Y como no cuestionan lo que les digo, me asusta… El “mamá dice que…”, me asusta mucho. Mis palabras son para ellos mantras que se quedan grabadas en sus cabecitas, para lo bueno y lo malo. A veces ese pensamiento pesa, y mucho. Pero los padres somos sus adultos de referencia, su ejemplo, al que ven todos los días, en el que se fijan, al que no cuestionan, al que creen, en el que confían… De todos modos, también hay ocasiones en las que los peques tienen que esperar. Porque hay veces que no todo puede ser ahora mismo y justo ahora. Con 3 peques en casa esto lo practicamos mucho, porque todo a la vez los tres, es imposible, unas veces con mejor acierto que otras. Pero sí intento, que si estoy con ellos, deseo estar en cuerpo, alma y corazón. Ahí seguimos, ¡creciendo! Ya no juego con muñecas. Bueno, un poco sí. Ahora hago de abuela de los bebés de Elsa. Y disfruto de mis hijos, los observo, y me siento afortunada por tenerlos y dejarlos ser. 

¡Sonríe!

Sonrisas a miles

Y mi ESENCIA durante estos 40 años va conectado a una sonrisa. Pero me he dado cuenta no hace mucho. Y es que me me dicen “Es que simpre sonríes…”. Y me quedé sorprendida. No era consciente de que casi siempre sonreía. Pues sí, casi siempre sonrío. Yo no me veo. Pero si eso se percibe de mí, me encanta. Y así soy yo. Ahora soy más consciente de ello. Y estoy en mi esencia cuando sonrío, cuando siento que estoy ayudando. ¡Me encanta! No sabes cuánto disfruto. Y según me dicen los que me ven, sonrío mucho. Pues quiero hacerlo más. ¡Viva el buenrrollismo! ¿Por qué fijarse en los pensamientos negativos? ¿Con qué finalidad? Yo a veces me sorprendo a mí misma en ello, el algún pensamiento de esos que te hacen sentir mal. Quizá sea para prever alguna situación, para prepararme y que algo negativo no me pille desprevenida. Pues mi mente así se explica.

Pero quiero pensar al revés. Pensaré en lo que me gusta, en lo que deseo, en lo quiero tener o en cómo quiero ser. Pues eso, que los siguientes 40 años quiero seguir siendo una buenrrollista. Que la vida no es de color de rosa, pero la actitud con la que decidimos vivir nuestra vida, hace de nosotros personas que pasan por la vida o personas que viven su vida. Y yo ¿qué quieres que te diga? Prefiero VIVIR la vida, así con mayúsculas, que sólo pasar por ella. Así que, a sonreír, y reír, a carcajadas. ¿A que sienta bien?

Otoño, fotos, mis hijos...

Y me gustaría contarte que la niña del principio sigue viva en mí. Esa niña soy yo. Y no quiero perder nunca esa capacidad de emocionarme, de sorprenderme, de aprender y de crecer… Todavía me dan miedo las tormentas. No dejo de estremecerme cuando veo el relámpago y espero temblorosa el estruendo atronador. Todavía quedan miedos, pero seguiré creciendo para sanar y seguir siendo. Mis hijos me conectan con mi niña. Y yo soy feliz riendo, jugando y estando en cuerpo, alma y corazón. Así soy con 40 años. Y ahora me voy que tengo que seguir creciendo… y soplando velas. 

40 cosas de mí y mi crecimiento…

Y ya acabo este post extra largo. Pero claro, 40 años son 40 años. Os dejo 40 cosas de mí, de lo que soy y lo que tengo. Y lo que seguiré creciendo y siempre en positivo y con una sonrisa.

1. Disfruto con lo que hago
2. Me encanta ser bloguera
3. Necesito el yoga en mi vida
4. Me gustan las bicis con cesta
5. Y ahora me pinto los labios de rojo
6. Me gusta contar cosas
7. El mar me calma
8. Soy muy golosa
9. Me gusta parir.
10. Me encanta observar a mis hijos
11. Disfruto con un gintonic en pareja
12. Me gusta que las cocinas sean el punto de encuentro de la casa
13. Me ilusiona ver caer los dientes de los peques.
14. Sigo amamantando, y ya van 7 años
15. Me gusta meditar
16. Necesito leer libros que me recuerden lo bonita que es la vida
17. Ahora doy gracias por quien soy y lo que tengo.
18. Me gusta viajar en tren.
19. Adoro el otoño.
20. Disfruto cenando con mis amigas y contándonos confidencias
21. Disfruto cuidándome.
22. Me encantan las torrijas.
23. Me gusta ver que los pantalones de mis hijos les empiezan a quedar cortos.
24. Me chifla bailar.
25. Disfruto caminando descalza por casa.
26. Me apetece una escapada en pareja.
27. Me gustan los zapatos planos.
28. Me encanta dormir con mis hijos.
29. Lo mejor de correr es el después.
30. Me gustan los escotes en V.
31. Me ilusiona hacer mi propio pan en casa.
32. Me gusta probar comidas nuevas y saludables.
33. Me encanta compartir planes en familia.
34. Quiero seguir emocionándome y sorprendiéndome
35. Me encanta llevar el pelo corto, creo que me lo voy a volver a cortar en breve.
36. Adoro el rooibos con especias.
37. Me encanta aprender algo nuevo, de lo que no sé nada de nada.
38. Me gusta vivir entre árboles…
39. Me gustan las tostadas de aguacate.
40. Me encanta ser mamá.

 ¡Volaré!

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